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Kepler y los pronósticos PDF Imprimir E-Mail

"Cualquiera cuya tarea es escribir Pronósticos debe mirar especialmente con altivo desdén dos actitudes comunes mutuamente contradictorias y guardarse contra dos emociones viles y abyectas, el gusto por la gloria, y la timidez"

Encontre este pensamiento de Kepler que forma parte de su introducción a un pronóstico que presento en el año 1602 a su mecenas Lord Peter Wok of Rosenbergk y transcribo una parte de su contenido que considero valioso para mí y para cualquiera que se atreve a pronósticar, en especial cuando me equivoco en una predicción, cosa aún frecuente para mi disgusto, pero como dice el famoso astrónomo, con la practica aprenderé.

" Porque el que agrade a la multitud y por el renombre más efímero ya proclame esas cosas que la naturaleza no desvela ya incluso publique auténticos milagros de la Naturaleza sin consideración a más profundas causas, es una persona espiritualmente corrompida.

Por otro lado están los que dicen que no es propio de un filósofo serio prostituir el buen nombre de la inteligencia y el honor del saber comprometiéndose con temas que cada año son profanados con buenaventuras extremadamente triviales y vanas. Haciendo esto, dicen, inflama como con yesca el apetito del vulgo por los prodigios y supersticiones que florecen en los entendimientos débiles.

Acepto que estos argumentos son persuasivos, y, si un hombre no tuviera en mente causa más apremiante, son de la clase que puede disuadirle de este tipo de escritos. Pero uno a quien la razón proporciona tal motivo que el sabio aprobaría sin duda debe ser tenido por tímido si permitiera que el encuentro con estas irrelevantes e inapropiadas objeciones le apartare de su intención, por temor al rumor y a la temeraria maleficencia pues, si bien es cierto que la mayoría de los maestros en este arte están prendados de las naderías de los Árabes, no se sigue que los secretos de la Naturaleza que el arte contiene o son bagatelas en sí o deberían rechazarse con las bagatelas.

Más bien, las gemas deberían ser recogidas del fango, nuestra adoración de Dios iluminada por la intencionada contemplación de la Naturaleza, otros inspirados por nuestro ejemplo, y nosotros deberíamos esforzarnos para que esas cosas que pueden haberse revelado una vez de algún uso preciso a la humanidad sean traídas, por todo los medios, desde las sombras de la ignorancia a la luz. E incluso si no alcanzamos el éxito enseguida y las predicciones son ampliamente inciertas debido a la gran confusión entre las causas, esto debería hacernos redoblar nuestros esfuerzos, puesto que el premio es recompensa de laboriosidad.

El que muchos harán mal uso de este arte para satisfacer su propia sed de prodigios y para confirmar sus propias supersticiones no me desanima más de lo que por tomar un ejemplo entre muchos un buen gobernante se deja desanimar y no toma una ciudad porque sabe que le costará unos pocos soldados, a los que, desde luego, hubiera preferido no perder, si ello hubiera sido posible.

Si alguien objeta que esta obra va dirigida al gran público, que es el que tiene menos probabilidad de sacar algún provecho de ella, me gustaría pedirle que tuviera presente, que por ninguna otra razón diría que con la publicación podemos llegar hasta las personas instruidas ocultas aquí y allá entre la multitud y, aún más, podemos observar con el fin de curar el apetito del vulgo por los prodigios, lo que los médicos observan en los enfermos, que podemos servirnos de los antinaturales y perniciosos apetitos de la multitud para hacer que traguen, como medicina, tal consejo, disimulado como pronóstico, que pueda servir para remover este mal de la mente, y que de otra manera apenas hubiéramos podido persuadirles a tomar.

Por tanto, del mismo modo que el médico no delira como el paciente cuando para administrarle un remedio mima al paciente que delira de palabra y simulada acción, así espero yo que el de recto pensar no me creerá sospechoso de nada clandestino cuando, con las mejores intenciones, habló abiertamente a la muchedumbre, que está ansiosa por cosas futuras y nuevas, sobre el tema de lo que está por venir.

En cuanto a los jueces de mala fe, que no penetran a fondo en asuntos incluso de la mayor importancia, y simplemente se mofan, si no dejan aparte este humilde servicio profesional, tan expuesto al ridículo, seguiré el consejo del poeta y les volveré la parte posterior de mi cabeza."


Autor:Johannes Kepler
De los fundamentos muy ciertos de la astrología.
Editado por Gracentro. Valencia, España

 
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